¿Se puede conocer un espacio sin verlo?
Hoy fue una mañana muy especial. Me invitaron a Fundal (Fundación de Sordoceguera) a una actividad que realizan llamada Trazos de Luz, donde se comparte de manera artística con un niño que sigue los programas que la fundación ofrece. La actividad consiste en acompañarlo a pintar con pintura acrílica en un formato A4, para luego intervenir la pieza sin tapar su creación. Esta obra posteriormente se expone, se vende y pasa a formar parte de la imagen gráfica del calendario anual que promueve la fundación.
Este fue el segundo año que soy invitada. Al inicio, nos hacen leer el protocolo de lo permitido dentro de la fundación y, seguido de esto, nos ofrecen dar un recorrido. Tanto la vez anterior como esta, fue un momento asombroso. Nos dieron un antifaz para hacer el recorrido a ciegas y luego nos dieron las instrucciones de manera sensorial, sin palabras.
El guía nos llevó a recorrer este espacio que nos quería hacer conocer. Me pareció curioso que cuando nos dicen que conozcamos un espacio, de inmediato asociamos el conocer con el ver. Aquí, en cambio, se conocía sintiendo el viento en la piel, percibiendo el olor de las flores y tocando las diferentes texturas de las hojas de las plantas... Era un momento para estar totalmente en el presente, con la ilusión de saber qué seguía. Al terminar el recorrido y destaparnos los ojos, fue fascinante notar cómo en mi mente diseñé un espacio distinto al que finalmente vi; ambos maravillosos. Este paseo por el jardín, envuelto en silencio y oscuridad, me permitió crear en mi imaginación un espacio paralelo al que luego descubrí con la mirada.

