El esfuerzo físico detrás de una matriz de grabado

 
 

Muchas de mis obras están inspiradas en sueños. Justamente hay una pieza que aún no puedo compartir, ya que está en proceso de curaduría y solicitan que permanezca inédita; pero lo que quería comentarles hoy es parte del proceso.

Son dos aves que planifiqué hacer combinando las técnicas de aguafuerte y aguatinta. Sin embargo, esta vez no quería que el metal fuera solamente la superficie rectangular donde dibujaría, sino que la silueta de cada ave formara parte del diseño mismo. Por eso, el proceso empezó desde la elección de qué ave representaría la idea soñada. En estos caminos, busco que el elemento conecte profundamente conmigo: qué aves me gustan, por qué, cuáles he tenido, o si el ave posee un simbolismo que me haga sentido... y así encontré las adecuadas. Cuando finalmente comparta la obra, explicaré el porqué de la elección.

Diseñé la obra basándome en mi sueño y de inmediato tuve que resolver cómo cortar las siluetas en el metal. Si ya cortarlo cuadrado o en círculo es trabajoso, solucionar un contorno tan detallado era un verdadero reto. La primera opción que me vino a la mente fue cotizar quién pudiera hacerme el corte con un router. Vectoricé mi dibujo y empecé a buscar opciones. Lamentablemente, salía muy costoso o me ofrecían cortarlo en otros materiales metálicos, lo cual me generó dudas de si afectaría después la reacción con el ácido... así que preferí solucionarlo yo misma.

Realmente soy alguien que prefiere no delegar los procesos de sus obras. Me puse a buscar sierras para mi dremel, pero no había existencia en la ciudad. Así que fui a la ferretería y compré diferentes tipos de tijeras para metal, limas y lijas. Fue un trabajo sumamente difícil; se necesita llegar a entender cómo funcionan las tijeras en el metal, sumado a que soy zurda y este tipo de herramientas vienen diseñadas para diestros. Tuve que usar guantes para evitar cortarme con las orillas filosas; luego, con las limas de diferentes puntas, limar cada detalle; enderezar con el martillo de goma, pulir con el dremel las zonas más finas y, finalmente, lijar toda la pieza. Quedé con las manos adoloridas por una semana. Lo peor de todo es que aún me faltaba el mismo proceso con la segunda ave. Siendo grabado, lo más sencillo hubiera sido usar la misma placa, pero siéndole fiel al diseño original, debían ser aves diferentes.

Cuando terminé de preparar ambas placas, debo decir que me encantó ver nacer la obra desde el inicio. No hubiera tenido el mismo sabor si me las hubieran entregado nítidas y cortadas en router. En mis obras, lo que realmente disfruto y me enriquece es el proceso: la obra final es la memoria de la materia transformada.

Ideas para una próxima vez, bienvenidas!

 
 
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Como nació la obra : “Nostalgia en equinoccio”